
Se funda el primer servicio de neurocirugía en el Hospital de Policía.
La trayectoria de la neurocirugía en el Perú es un relato de profundas raíces culturales, transformaciones institucionales y avances técnicos que han convertido a esta especialidad en un pilar esencial del cuidado neurológico nacional. A continuación, se presenta un recorrido por sus hitos más relevantes.
Desde tiempos ancestrales, diversas sociedades del antiguo Perú practicaron la trepanación craneana: un procedimiento en el que se abría el cráneo para aliviar hematomas o tratar factores de presión en el sistema nervioso. Los hallazgos arqueológicos muestran cráneos con signos de recuperación ósea, lo que indica que algunos pacientes sobrevivieron a la intervención.
Estas prácticas tradicionales marcan el inicio histórico y simbólico de lo que luego se desarrollaría en la neurocirugía moderna en el país.
Durante el siglo XX, el Perú comenzó a institucionalizar la neurocirugía como especialidad médica. Uno de los hitos destacados es la fundación del servicio de neurocirugía en el Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins el 30 de noviembre de 1958, dirigido por el Dr. Donald Morote Revolledo, quien también creó la primera sala de control neurológico del país, antecedente de una UCI neuroquirúrgica.
Otro centro clave fue el Hospital Nacional Guillermo Almenara Irigoyen, donde el Dr. Esteban Rocca fundó el primer servicio formal de neurocirugía en 1947.
Además, el desarrollo institucional del Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas (INCN) con raíces en el siglo XVII, aunque no exclusivamente neuroquirúrgico en sus inicios, también contribuye al marco histórico de las neurociencias en el país.
Entre los nombres que marcaron la neurocirugía peruana destacan el Dr. Esteban Rocca, autor de importantes estudios sobre trepanación y cirugía hipofisaria, y el Dr. Juan Franco Ponce, quien se formó en neurocirugía en Chile y EE.UU., y contribuyó a la docencia universitaria y al desarrollo hospitalario en los años de crecimiento de la especialidad.
Estos profesionales, junto a otros, generaron la base para la creación de servicios, la formación de residentes y el establecimiento de estándares quirúrgicos en el país.
Con el paso de las décadas, la neurocirugía en el Perú incorporó técnicas modernas: cirugía vascular, tumores cerebrales, instrumentación de columna, abordajes mínimamente invasivos, etc. Por ejemplo, ya en la década de 1960 se habían realizado ligaduras de la carótida en pacientes con hemorragia cerebral.
El desarrollo tecnológico y la especialización progresiva permitieron que los servicios de neurocirugía peruanos se asemejaran cada vez más a los de los centros internacionales.
La neurocirugía en el Perú también ha avanzado en cuanto a pluralidad y equidad de género: la participación de mujeres en la especialidad comenzó en 1974, cuando la primera neurocirujana peruana fue aceptada en un programa de formación.
Este hito refleja no solo una ampliación de la base profesional, sino la profundización del compromiso con la formación inclusiva y el fortalecimiento institucional.
La creación de servicios especializados (tumores, columna, neurovascular), la formación continuada de profesionales, y la integración en sociedades regionales e internacionales destacan entre los logros. Además, la creciente presencia del Perú en líneas de investigación, innovación quirúrgica y cooperación académica augura un futuro prometedor.
La historia de la neurocirugía peruana es un testimonio de perseverancia, adaptación y excelencia. Desde los albores de la trepanación prehispánica hasta la cirugía de alta complejidad de hoy, la disciplina ha evolucionado con el país, desarrollando competencias relevantes tanto a nivel nacional como en el escenario latinoamericano.
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